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miércoles, 15 de mayo de 2013

CASA-TALLER


Para el arte,
la vida es digna de ser vivida.
Por mí
me moriría hoy mismo.
Para el arte
apreciar la belleza de la naturaleza en una flor,
en plena estación de primavera.
Para mí
es lo mismo una flor artificial
en plena estación invernal.
Para el arte
el día a día, es una búsqueda
insaciable hacia la verdad.
Para mí
ignorar cada día un poco más
¡Para el arte vida!
Para mí muerte
¡Para el arte transcendencia!
Para mí olvido.

1 comentario:

Catriel Torres dijo...

Yo antes era bastante así también...
Pero con el tiempo, y el psicoanálisis, empecé a ver que el arte y la vida normal, mundana, se complementan.
Y eso es porque el arte requiere cierta frialdad, hace falta objetividad. Hay que tomar distancia cuando uno pinta. Por un lado hay que ser preciso y ordenado con las cuestiones del oficio. Y por otro hay que dejar que eso que está naciendo suceda.
Si uno está demasiado pegado a la obra se expresa uno mismo. En cambio al tomar distancia uno permite que la obra se exprese a si misma. Así se le da aire para que respire. Porque es como una planta.
Y el sacrificio también da frutos en el arte. Cuando uno se esfuerza y cumple con el mundo, como uno más, eso va creando un polo opuesto a eso que presiona contra la conciencia desde más adentro. Es conteniendo la expresi{on, conteniendo la fantasía, como se la obliga a condensarse y cargarse de tensiones. Y esa tensión es la que al liberarse en la obra le da fuerza.
Además el exterior le da elementos a lo interior para tomar forma. Lo interior de por si es amorfo. Se va forjando con los golpes que le da la realidad exterior.
Bueno, no se... yo siempre estoy pensando en estas cosas...